jueves, 1 de marzo de 2012

SINFONIA DE POLEA Y PEDAL


Los trabajadores de la industria ligera están de pláceme. A muchos que cumplieron 20 o más años en el sector le impusieron una medalla en reconocimiento a su trayectoria. María del Carmen, Nenita, trabajó por muchos años en el taller textil de Nelia junto a más de una veintena de mujeres, pegada a la máquina de cocer confeccionando prendas de vestir. Por enfermedad dejó esta labor, pero no el oficio. Sus manos como fiel hacedora pusieron en activo el saber heredado de generación familiar. Las dobles agujas, como la simple más pequeña, entre sus dedos, a ritmo uniformado tejen estolas, abrigos, medias, tapetes y un sin número de prendas que son pura artesanía. En el barrio también estaba el otro taller de costura que capitaneaba Hortensia Barcarcel, una vieja luchadora que acogía antes de 1959 del pasado Siglo, en su casa,  algunas reuniones clandestinas del Partido Ortodoxo lideradas por Fidel. En la primera década de la Revolución triunfante cada vez que el Comandante en Jefe pasaba por el lugar, paraba los jepp, se bajaba, saludaba a Hortensia, quien también fue fundadora del Movimiento 26 de Julio en la región y entablaba un diálogo franco y ameno con el pueblo. Pasaron los años y esta incansable luchadora se trasladó a la capital donde continuó su duro bregar en los talleres textiles. Marlene también laboró casi una treintena de años en una de las fábricas del sector ubicada en “San Ambrosio”, en la barriada de Jesús María. Intensas jornadas, confecciones de ropa masculina, incluso para la exportación, maratones productivos de 24 horas por interés económico del país, niños atendidos en el propio centro para garantizar el aporte de las madres trabajadoras. Apoyo a la remodelación del estadio Latinoamericano, así como en la construcción de las obras de la Villa Panamericana. Cuando redacto estas líneas puedo sentir el sonido de los motores eléctricos de las baterías de máquinas de cocer y no dejo de pensar en aquella máquina Singer que ocupaba un lugar privilegiado en el cuarto de mi abuela materna que a pura sinfonía de polea y pedal iba fundiendo en un todo,  tela e hilo.

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