viernes, 26 de enero de 2018

El Martí de mi cámara

Crecí en un pueblo atravesado por la línea central del ferrocarril, en una cuadra muy próxima a las paralelas de hierro, donde el paso de la serpentina sobre ruedas de acero nos robaba las expectativas a cada minuto.
La calle donde se ubicaba la vieja casa de madera, cobija familiar de varias generaciones, llevaba por nombre Martí y en el jardín poblado de vicarias de diferentes colores, abuelo Machín ubicó un busto del Apóstol que nunca supe de donde surgió.
Desde los primeros grados de la primaria, los maestros siempre hablaban de la ilustre figura y la valía de su actuar, de ese personaje de pronunciadas entradas en el pelo y copioso bigote.
Ya profesional de la “escritura con luz”, he tenido la oportunidad de testimoniar hechos históricos de nuestra Patria vinculados a José Martí y no he dejado de fotografiar cualquier imagen de nuestro Héroe Nacional en disímiles formas, como la muestra de Kamyl Baullandy Rodríguez en su muestra plástica “Somos Cuba”. Sirvan estas imágenes como homenaje al Maestro.