miércoles, 28 de mayo de 2014

Aguacero de mayo…

























Lo cotidiano se convierte en extraordinario. A nuestro alrededor suceden uno tras otro los momentos y en muchos casos, por facilismo, los vemos pasar ante nuestros ojos, y más penoso aún, ante el objetivo de nuestra cámara fotográfica y no somos capaces de accionar.
El momento es un instante de la realidad que vivimos y pasa en breves segundos. Nunca se repite, nunca es igual y tenemos que estar prestos a inmortalizarlos.
Duele ver, en esta era digital, como ciudadanos comunes con sus cámaras o celulares, incluyo ya hasta con tablets de diferentes formatos, fotografían lo que les rodea y llenan los espacios con sus imágenes.
Mientras, los profesionales del lente, quizás porque ya la rutina los invade tanto que no ven la importancia de convertir lo cotidiano en extraordinario, dejan pasar momentos que no por rutinarios dejan ser interesantes para hacer otra interpretación de la realidad, cámara en mano.
Mayo es el mes de las lluvias y de los Tauro. Abundan los chubascos y sorprenden los aguaceros fuertes. A nuestros ojos un escenario perfecto para seguir apretando el obturador.



martes, 20 de mayo de 2014

Si, en el semáforo había un policía


















El trabajo publicado en este blog sobre "Espectacular accidente de grúa", así como en las páginas web de Granma y Cubadebate generó muchas visitas y comentarios de lectores de diferentes tendencias. Considero que es bueno este tráfico porque soy de los que pienso que el silencio es la peor opinión.
Con el título de éste trabajo y la foto que le acompaña quiero responder al lector que comentó con el identificativo de
usuariopreocupado y escribió:

¿Había algún agente de transito en las intercepciones con los semáforos apagados en horario pico? no lo menciona por lo que estoy casi seguro que no, es habitual, sin embargo cuando hay un accidente entonces si aparecen rápidamente como moscas, pero ya a esa hora no evitaron el accidente, que dicen ellos mismos que es lo mas importante, igualmente sucede con los semáforos tapados, por falta de poda de los árboles, pero nunca he visto a transito acusado en un juicio de un accidente, aunque no se vea el semáforo, el conductor tiene que bajarse del auto y ver el semáforo, porque transito es omnipotente, pero el problema es que estamos intentando vivir del turismo y el extranjero no conoce la ciudad y no sabe donde hay habitualmente un semáforo, así como tampoco se imagina que un semáforo estará al otro lado de la vía que regula (3ra y 70, playa), por lo que cuando el planifica detener el vehiculo cerca del semáforo (como sucede habitualmente en el extranjero), ya atravesó al menos 3 vías de 3ra, pero al final la culpa no es de ninguna entidad estatal (parecido a buena fe) , siempre es del conductor.

 

lunes, 19 de mayo de 2014

Espectacular accidente en Infanta

























Al amanecer un fuerte chubasco mojó toda la calle y obligó a quienes desde las primeras horas del día parten al trabajo o la escuela, protegerse debajo de sombrillas, capas o cualquier otro medio que lo proteja de la lluvia.
Ni un destello del Sol se dejó escapar entre el cielo encapotado. A las 7 y 30 a.m., cuando comenzaba el parte meteorológico en la Revista de la Mañana de la TV, se fue el fluido eléctrico en la zona de Infanta entre San Martín y Amenidad, en el Cerro.
Hora pico de los semáforos, en particular el de la intersección de Infanta y Manglar. Congestionamiento de las vías, tratar de cruzar sin ocasionar accidentes, cruce de las intersecciones de niños y padres rumbo a sus escuelas. Y aún cayendo algunas gotas de lluvia.
Una brigada de linieros eléctricos, apoyados por otra de servicios comunales se dispone a trabajar en el poste ubicado al costado de la unidad de la PNR más conocida por la 14. En el mismo dos transformadores eléctricos algo cobijados por las ramas de un árbol frondoso de un almendro.
Mientras un liniero accionaba en los transformadores, otros operarios ajustaban al gancho de la grúa unas fuertes bandas para en su momento transportar la facción del árbol cortado.
Comienza el sonido característico de las sierras eléctricas. Cuando el operario de la grúa  intenta trasladar lo cortado hacia una carreta, evitando que sus ramificaciones choquen con los cables del tendido eléctrico, suave, como si fuera a cámara lenta, el brazo de la grúa y la parte del árbol va buscando la posición ideal, sucede lo inesperado, el brazo cae vertiginosamente sobre el pavimento provocando un fuerte estruendo y el camión grúa se levanta de sus cuatro punto de apoyos buscando la verticalidad hacia el cielo encapotado. Raudo y veloz el operario abandonó la cabina y no hubo que lamentar ninguna victima humana.
Ahora, después de la poda del viejo y frondoso almendro, queda la maniobra de rescate a su posición original del camión grúa que de seguro será otra odisea y hasta tanto la electricidad reina por su ausencia en los hogares y centros de trabajo de la comunidad. 




























viernes, 9 de mayo de 2014

Wilhelm Brasse, el fotógrafo de Auschwitz
























El fotógrafo polaco, un antiguo prisionero de Auschwitz, falleció a los 95 años. Entre sus tareas estaba retratar a las víctimas de los experimentos científicos del médico nazi Josef Mengele.

Hoy que se cumplen 69 años de la derrota del fascismo, quise recordarlo como testigo excepcional del vínculo de la fotografía con el horror del holocausto.

La ciudad de Zywiec, donde nació en 1917, pasó de Alemania a Polonia, tras el término de la Primera Guerra Mundial. Hablaba alemán y el austriaco. Sus antepasados paternos eran de Austria. Aprendió fotografía en la ciudad polaca de Katowice. Gracias a este oficio pudo sobrevivir a tan horrenda época. La suerte de Brasse fue la manía alemana por documentarlo todo con prolijidad, aun aquellas brutalidades.
Después de la guerra no volvió a la profesión, “porque los muchachos judíos y las chicas judías se aparecían en flashes constantes ante los ojos”.
Wilhelm Brasse se vio obligado a tomar fotografías de niños asustados y víctimas de horribles experimentos médicos momentos antes de que murieran en el campo de exterminio de Auschwitz,  donde un millón y medio de personas, en su mayoría judíos, murieron en el Holocausto.
Revivieron los horrores de Auschwitz en su interior en muchos momentos de su vida. Tomó entre 40.000 y 50.000 fotografías. "Cuando empecé a hacer fotos de nuevo, después de la guerra, veía a los muertos. Iba a tomar la fotografía de una chica joven, un retrato, pero detrás de ella, volvía a verlos, como fantasmas que estaban allí. Veía todos esos grandes ojos aterrorizados, mirándome fijamente. No podía seguir adelante.", expresó en una de las tantas entrevistas que le hicieron.
Contaba que un día, un prisionero fue enviado a él por uno de los doctores de los campos, el infame Dr. Josef Mengele, quería una foto de un inusual tatuaje del hombre.
"Era muy hermoso. Era un tatuaje de Adán y Eva de pie delante del árbol en el Jardín del Edén, y obviamente había sido hecho por un artista experto".
Alrededor de una hora después de tomar la fotografía, se enteró de que el hombre había sido asesinado. Fue avisado por otro preso para que fuera a uno de los crematorios del campamento donde vio al hombre muerto.
En julio de1988 tuve la suerte de poder traspasar la portada de Auschwitz. Nunca imagine lo que mis ojos verían como testimonio del horror que allí se vivió. Miles de maletas y pertenencias personales, otro tanto de prótesis, espejuelos, cabellos de los hombres y mujeres que allí fueron masacrados. Alambradas, cámara de gas, señas de rasguños en las paredes, así quedó la huella de los nazis, pero creo que no hay mejor testimonio que las fotos del joven fotógrafo que con solo 22 años en aquel entonces junto a otro preso  enterró miles de negativos en los terrenos del campamento que fueron recuperados más tarde y que ayudaron a condenar a muchos nazis.

lunes, 5 de mayo de 2014

Uno de a pié























Venía con su paso pausado, apoyándose con la mano derecha a la baranda metálica que fungía como separador. Alrededor, la multitud coreando consignas, elevando pancartas alegóricas, banderas cubanas, el 26 de Julio o de diferentes países de cualquier latitud del planeta.
Vestía pantalón a cuadros de esos que causaron furor por los finales de la década del 70 del pasado Siglo, combinado con una camisa verde olivo desteñida, que perteneció en su momento a un uniforme de diario, de un oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Del pecho colgaban varias medallas de distintos formatos y de diferentes motivos. En la esquina de la solapa del cuello, el sello que lo distingue como miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
Puede llamarse Juan, Pedro, Antonio, José, en fin. Quizás fue del Ejército Rebelde, la Lucha Clandestina, de Girón, la Limpia del Escambray o cumplió misión internacionalista saldando nuestra propia deuda con la Humanidad. No conozco su edad, ni procedencia, pero desde que lo vi, no tuve duda que era un cubano de los de a pié que quería hacer patente su apoyo a la Revolución,  en la plaza, junto a su pueblo.

viernes, 2 de mayo de 2014

El Songo llora a su padre





























Las últimas fotos que le tiré a Juan Formell fueron en el congreso de la UNEAC. Su partida sorprendió a muchos en nuestro país. Fue un hombre popular por su música y por el gracejo para con su pueblo.
La información divulgada por los medios, lo dan como muerte repentina, aunque en ciertos círculos trasciende que fue producto de cirrosis hepática que según el diccionario de la lengua española es enfermedad caracterizada por una lesión que se desenvuelve en las vísceras, especialmente en el hígado, y consiste en la induración de los elementos conjuntivos y atrofia de los demás.
Revolucionó con su creación, como director musical, el changüí de la orquesta de Elio Revé. Y en 1969 creó su banda, los Van Van. A partir de entonces llegaron para quedarse.
Sin duda fue un cronista de la sociedad cubana. Las letras de sus canciones así lo demuestran y el registro central de su medolía con base en el bajo, la batería y las pailas, junto a los violines y los trombones, así como el sintetizador, crean una base ritmatica pegajosa que le llaman Songo, que cuando comienza pone en movimiento el esqueleto de hasta quienes nunca han dado un paso en el baile.
Es uno de los pilares de la cultura cubana. Su música es bailada de Maisí a San Antonio. Las letras de sus canciones son coreadas por multitudes de todas las generaciones.
Revivo una noche en Islamabad, en Pakistán, donde había sido invitado a una recepción en la residencia de la representante de UNICEF y mientras ascendíamos las escaleras, todo era silencio, pero cuando se abrió la puerta de acceso al salón, lo primero que pude escuchar fue la música contagiosa de los Van Van. ¡Tremendo orgullo sentí!
Marchó silenciosamente. Se me antoja recordarlo por siempre en un escenario, bajo en mano, micrófono típico de la época de RCA Víctor, dirigiendo el tren de la música cubana y rodeado de todos esos que se hicieron grandes a su lado. El Songo llora a su padre, mientras toda Cuba lo despedirá con sus propias canciones, porque decimos adiós a un genuino cubano, quien siempre dio muestras de su patriotismo en cualquier escenario y en más de una ocasión dijo que vivir en Cuba es lo mejor que le ha sucedido a él y sin ello sería imposible hacer la música que le entró por la sangre a los cubanos.
Recordemos su actuación en el concierto de Paz sin fronteras en la Plaza de la Revolución, la misma que ahora en uno de sus costados, en el teatro Nacional, sirve de escenario para que su pueblo rinda el último tributo a quien tiene de fondo la bandera de triángulo rojo y estrella solitaria, a su izquierda el bajo inseparable que acompañó su trayectoria y a la derecha su micrófono. Como dijo el Maestro: Honrar, honra.