jueves, 23 de mayo de 2013

VALORES DE MADRE Y AMIGA




























Son las mismas calles que caminé a mediados de la década del 60 del pasado siglo cuando estudiaba becado en Ciudad Libertad. El teatro Manuel Ascunce Doménech donde todas las semanas por uno y otro motivo nos reuníamos los alumnos del pedagógico y el tecnológico. Muy cerca la explanada del polígono donde en 1959 a Fidel se le posó una paloma blanca en el hombro, al igual que 30 años después. Hoy el destino es la Facultad de Humanidades de la universidad central pedagógica Enrique José Varona. En una sencilla aula apoyada por una computadora Alina Victoria  parece una experimentada pedagoga. Luce una blusa malva de corte pakistaní. Rápido como el viento pasan por mi mente las jornadas en las alturas del Himalaya en la Cachemira pakistaní cuando Cuba desplegó 32 hospitales de campaña para ayudar mitigar el dolor a ese pueblo tras el terremoto sufrido en octubre de 2005. Hoy no hay cobertura de desastre, pero Alina está tensa minutos antes de comenzar la defensa de la maestría, por optar la máxima calificación de Master en Didáctica de las Humanidades. El auditorio aunque pequeño, formado por sus colegas del periódico y quienes en algún momento de su vida hemos ocupado parte de su afecto y amistad. Al argumentar sobre el tratamiento de los valores en las páginas del periódico Trabajadores dijo que se basó en una investigación de muestreo hecha a los 52 números publicados en el año 2010, así como encuestas a periodistas y estudiantes de periodismo. Los reportajes y las entrevistas son los géneros más empleados por los reporteros para tratar el tema. Y entre los valores más abordados el patriotismo y la honestidad. Se afianzó en el papel socializador de la prensa en el abordaje de los valores en nuestra sociedad, así como la búsqueda de la intencionalidad al respecto en los trabajos dirigidos a los jóvenes trabajadores. También enfatizó en acercar el fundamento científico al tratamiento de los valores en los medios, sin estar ajenos a los realizados por especialistas y grupos multidisciplinarios, buscando incidir en la sensibilidad humana de los periodistas y que no asuman el tratamiento del tema como un mandato, sino como necesidad propia de los medios de prensa en los diferentes productos comunicativos. Victoria dejó claro en su defensa que es un reto para la prensa cubana, en particular para los periodistas y directivos en la elaboración de una estrategia sobre el tema en las distintas redacciones, con un abordaje sistemático y creativo. Después de aprobado 30 créditos y con la profundidad que desarrolló la defensa de su tesis, el Tribunal consideró que al escuchar además las respuestas a las preguntas de la oponente, calificar el trabajo de EXCELENTE. Todos aplaudimos y nos admiramos como si estuviéramos en las gradas del Latinoamericano, pero en particular la más joven de las colegas presente por ser protagonista de la defensa académica que hizo Alina Victoria Mena Lotti, su propia madre.





martes, 7 de mayo de 2013

CAZADOR CAZADO



































Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa éso!
Tengo la edad que quiero y siento. La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven... no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo. Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.
Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas...
Valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
José Saramago
Premio Nobel de Literatura 1998.