jueves, 28 de noviembre de 2013

Golpe, fuego y maniobra





















Una vez más quedó demostrado, que la fotografía militar, la de acciones de combate, se caracteriza por su dinamismo. Estar en un teatro de operaciones, aunque sea en un ejercicio estratégico, impone retos para quien empuña su arma: la cámara fotográfica.
En primer orden es importante conocer el terreno donde se realizarán las acciones bélicas, su envergadura, fuerzas y medios que se emplearán y en especial, los hombres que tendrán a su cargo la realización de las misiones.
Con este conocimiento previo, el fotorreportero tiene la oportunidad de seleccionar, de acuerdo a sus posibilidades, los equipos más idóneos a emplear y no tenga después que lamentarse por exceso en el peso, que al final, estorba el movimiento.
Estar ubicado en el lugar adecuado y con los medios más idóneos para garantizar una buena imagen, es un privilegio. Pero a ello hay que añadir el estar preparado psicológicamente para lo que en breve se escenificará ante su vista.
Antes de apretar el obturador, el fotorreportero debe hacer uso de sus conocimientos fotográficos para lograr un buen encuadre, una buena utilización de la luz y una velocidad acorde con los ritmos que le imponen las acciones.
Además, debe adaptar el oído a las detonaciones de las cargas explosivas utilizadas, así como en los tiros de las distintas armas para no dejarse sorprender y poder lograr una fotografía que refleje en toda su dimensión la realidad vivida.
La semana pasada tuve la oportunidad de retomar, después de muchos años, este tipo de fotografías, las cuales quiero compartir con ustedes y en particular como testimonio de la preparación que tienen nuestros combatientes permanentes y reservistas en aras de la defensa del país.




lunes, 11 de noviembre de 2013

La maestra que canta.


























Generaciones de cubanos sentirán su partida. Crecieron con sus canciones y como ella misma nos dijo, Porque tenemos el corazón feliz, amiguitos vamos todos a cantar/ porque tenemos el corazón feliz/  feliz, feliz, feliz, feliz, feliz...
Después de ocho décadas y 35 meses se ha marchado silenciosamente, Teresita Fernández, la maestra que cantaba a los niños, Dame la mano y danzaremos; / dame la mano y me amarás. / Como una sola flor seremos, / como una flor, y nada más...
Martiana y cristiana de pura cepa con su obra iniciada desde los cuatro años cuando cantó por primera vez en un programa radial de Santa Clara, su ciudad natal, sus canciones constituyeron himnos de amor y cubanía.
Sus letras y música están premiadas del folclor campesino entre las que no faltan musicalizaciones de textos de José Martí o Gabriela Mistral.
Patriota por excelencia siempre se inspiró en la gran madre patria, en la naturaleza, en el amor, Vinagrito es un gatico / que parece de algodón. / Es un gato limpiecito, / relamido y juguetón. / Le gustan las sardinas / y es amigo del ratón, / es un gato muy sociable, / mi gatico de algodón.
Muchos no renunciamos a recordarla bajo las yagrumas del Parque Lenin en La peña de los juglares, donde fue anfitriona y marcó pautas para la cultura cubana las mañanas dominicales, y junto a otros narradores hizo un importante aporte a la narración oral en Cuba. Como tampoco en su andar por la vida siempre con su mocho de tabaco cubano, de la bodega, prendido en su boca y el crucifijo de madera en el medio del pecho.

Hoy la cultura cubana pierde una de sus glorias y el respetable, el gran público que creció con sus canciones unirán sus voces para junto al  acorde de la trovadora mayor entonar Si te preguntan di / que no has visto mi alma / que todo te lo di /por un poco de nada.