lunes, 13 de marzo de 2017

El último beso


Los labios se fundieron con amor. En ese beso iba la intensidad con que habían transitado por la vida. Quizás fuera el último. Mercedita bajó del Chevrolet y lo miró  fijamente a los ojos. Quería llenarse de ellos. Solo susurró: ¡cuidate!

Horas antes Pedro Nolazco Monzón Martínez (Juan) y Mercedes Balán Campa transitaban por debajo de los árboles frondosos de la carretera central rumbo al Entronque en los límites de las provincias de La Habana y Matanzas.

En esa intersección de la carretera central fue el último adiós. Ella, con su pequeño en brazos, ocupó otro vehículo y los seis kilómetros que la separaban de la casa donde nació le parecieron una eternidad.

Su cabeza era un torbellino. Sabía que se acercaba el momento y su lugar, con su pequeño hijo, era junto a su madre María y esperar noticias.

Días antes recibió la orden de abandonar la vivienda en el Cerro donde se encontraba junto a su esposo e hijo. Allí, en uno de sus cuartos y bajo el colchón y cama, esperaban un grupo de armas el momento de entrar en acción. Su verdadera morada se ubicaba en el Reparto Parajón en  Arroyo Naranjo.

Pedro Nolazco quien entre sus allegados fue conocido como Juan, era chofer en los Ómnibus Moderno S.A. en el paradero del Cerro, lugar donde fue un aguerrido dirigente sindical, por lo cual fue perseguido y detenido en varias ocasiones.

Mercedita sorprendió a toda la familia cuando se apareció de sorpresa solo con Juan  Lorenzo, el fruto de la unión de ella y Juan. Un tiempo no despreciable no tenían noticias de ella. Solo su hermano mayor pudo conocer donde estaba cuando se apareció en la terminal de ómnibus del Cerro y le indagó a su cuñado. Nunca nadie conoció el verdadero motivo.

La casona de madera, de puntal  alto y con tejas, en Aguacate, donde vivía la familia de Simón y María, como de costumbre, desde temprano en la mañana abría las puertas de madera de la sala y el comedor, así como el ventanal desde donde se apreciaba el brilloso piso de losas dibujadas hasta el acceso a la cocina.

Mercedita caminaba de un lado a otro, silenciosa, atenta a las noticias que se escuchaban por el viejo radio que ocupaba su estrado en un rincón de la sala. María, la matriarca de los Balán Campa sabía que algo extraño estaba sucediendo.

El 13 de Marzo de 1957, pasadas las tres de la tarde se escucha la noticia por Radio Reloj y a continuación la alocución de José Antonio Echeverría presidente de la Federación Estudiantil Universitaria.

Mamá ahí está Juan y tengo que partir de inmediato para La Habana, comentó Mercedes. Fue una odisea entre sus hermanos y padres convencerla de que esperara más noticias. Al otro día partió y comprobó que entre los atacantes al Palacio Presidencial se encontraba su esposo y fue uno de los revolucionarios que cayó combatiendo en la madriguera del tirano.

Mercedes Balán Campa colaboró en la lucha clandestina en La Habana, su domicilio fue brutalmente registrado por las hordas de la tiranía batistiana y fue presa por Ventura. Nunca se recuperó del todo de las secuelas del clandestinaje.



miércoles, 15 de febrero de 2017

Libros

Una vez más el libro es el protagonista. No importa la edad. Cualquier momento es oportuno para adquirir un título, buscar una rúbrica de sus autores o escuchar testimonios entrañables en la voz de sus propios protagonistas.
Los fines de semana se colman las callejuelas adoquinadas de La Cabaña. La gran mayoría para ponerse en contacto con el carnaval del libro que allí se escenifica, otros empinan papalotes, hay quien lo asume un paseo de fin de semana y porque no en busca de un recreo con el paisaje que se aprecia desde esta elevación hacia la majestuosa ciudad de La Habana.
Los asiduos valoran el retorno de la librería gigante en el centro de la explanada. Fidel y Hart son los indiscutibles protagonistas de esta feria, la XXVI. El primero como iniciador de tan fenómeno cultural y hoy latente con su legado como humanista, revolucionario, estadista y defensor de los desposeídos. El segundo como revolucionario e intelectual quien ha puesto su papelería y su pensamiento a consideración del gran público, de los lectores.
El libro vive y como está acostumbrado nuestro pueblo, inundará cada rincón de Cuba, porque la Feria Internacional del Libro es una lluvia del saber que nos moja a todos.





























































































































































































































































domingo, 8 de enero de 2017

Fiel acompañante























La paloma es el símbolo del candor, la sencillez y la inocencia, y especialmente de la correcta paz o la armonía. Tienen gran sentido de la orientación, siendo una de las aves que más rápido vuela, teniendo un agudísimo sentido de la vista. Son tan pacíficas que alegorizan a la paz, según se denomina en Wikipedia, enciclopedia libre. También es un símbolo de ofrenda en los cultos sincréticos.
Cuando Fidel hablaba a la multitud concentrada en la explanada de Columbia, hoy Ciudad Libertad, en Marianao, aquel 8 de enero de 1959 tras su entrada triunfal a La Habana, palomas blancas se posaron en sus hombros. Para los religiosos sin dudas era el hombre “enviado” por el todo poderoso y para los sin nada, quien traía la esperanza.
Treinta años después, en el mismo escenario, recordando la fecha, unas pioneritas suben al estrado y junto al podio que ocupaba, le ponen una paloma blanca en las manos del Comandante en Jefe, quien sin pensarlo la libera hacia el cielo y esta, después de sobrevolar varias veces la tribuna, se posa en el hombro derecho de Fidel y asume una posición de lujo con su buche erguido.
Pasaron los años, llegó el momento en que los agradecidos acompañaron a Fidel hasta su última morada, en Santiago de Cuba y las palomas con su sentido agudísimo de la vista también lo acompañaron como escoltas perennes del peregrinar del eterno rebelde.