domingo, 8 de enero de 2017

Fiel acompañante























La paloma es el símbolo del candor, la sencillez y la inocencia, y especialmente de la correcta paz o la armonía. Tienen gran sentido de la orientación, siendo una de las aves que más rápido vuela, teniendo un agudísimo sentido de la vista. Son tan pacíficas que alegorizan a la paz, según se denomina en Wikipedia, enciclopedia libre. También es un símbolo de ofrenda en los cultos sincréticos.
Cuando Fidel hablaba a la multitud concentrada en la explanada de Columbia, hoy Ciudad Libertad, en Marianao, aquel 8 de enero de 1959 tras su entrada triunfal a La Habana, palomas blancas se posaron en sus hombros. Para los religiosos sin dudas era el hombre “enviado” por el todo poderoso y para los sin nada, quien traía la esperanza.
Treinta años después, en el mismo escenario, recordando la fecha, unas pioneritas suben al estrado y junto al podio que ocupaba, le ponen una paloma blanca en las manos del Comandante en Jefe, quien sin pensarlo la libera hacia el cielo y esta, después de sobrevolar varias veces la tribuna, se posa en el hombro derecho de Fidel y asume una posición de lujo con su buche erguido.
Pasaron los años, llegó el momento en que los agradecidos acompañaron a Fidel hasta su última morada, en Santiago de Cuba y las palomas con su sentido agudísimo de la vista también lo acompañaron como escoltas perennes del peregrinar del eterno rebelde.