lunes, 8 de octubre de 2012

CHE AMIGO


Apenas las manecillas del reloj marcaban los primeros minutos del 8 de octubre y se conocía la victoria de Chávez en las elecciones venezolanas. Horas antes Verónica no cesaba recordarle a su mamá el globo inflado que debía llevar en la mañana a su escuela, así como el afiche del Che. Una, dos, tres veces ensayó la pequeña poesía que quería declamar en el aula, frente a sus amiguitos. Dos goticas de agua… mientras se ponía el uniforme escolar estaba atenta a lo que se decía sobre el aniversario de la caída en combate del Guerrillero Heroico en tierras bolivianas. Más de treinta años antes, otra niña recorría con esfuerzo, sujetándose a la baranda, su cuna, en un diminuto cuarto de un edificio apuntalado de la barriada de Jesús María. En la pared varias fotos del Che. El último sábado Verónica vio con su familia una exposición fotográfica sobre el Comandante Guerrillero. Fotos de su figura en distintas facetas y la actual presencia en cualquier parte del mundo donde se defienda los derechos de los pobres. Madre e hija crecieron viendo esa imagen del Che, quien funde lo filosófico con su accionar en la vida y nos dejó un legado que perdurará por siempre.

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