viernes, 25 de mayo de 2012

TENEMOS TANTO DE NIÑO


Trato de escribir, pero el monólogo es en ráfagas. Habla de la ética, la falta de cortesía y educación formal que a diario se enfrenta, más aún cuando es un ser imposibilitado que necesita muy frecuente la ayuda solidaria de otros. Pasa mucho tiempo en solitario, él que vivió por muchos años creando imágenes fotográficas de cuanto tema hay en esta vida, este encuentro matutino lo aprovecha al máximo para descargar todo su pensamiento y hablar sin cesar, sin importar el tiempo que transcurre. Siempre en el diálogo hay algo de historia vivida. Intento redactar unas líneas sobre los niños. Aunque peinemos cana, muy adentro siempre llevamos un destello de niño y en ese niño interior van los valores fraguados en la familia, en la escuela. Me educaron en el respeto a los mayores y de escuchar sus enseñanzas y aunque en ocasiones me resulta tedioso el discurso cotidiano de mi colega Pedro Beruvides, no dejo de oírlo, porque veo estos minutos como una explosión de la carga emotiva que acumula al estar solo y ciego. Es la oportunidad de compartirla. Decía que tenía el propósito de escribir de los niños de quien Martí dijo que “nacieron para ser felices” y mucha de esa felicidad se relaciona con los juegos, con las fantasías infantiles. En los juegos cada niño(a) crea su propio mundo y se prueba así mismo. Como expresan los especialistas es una actividad fundamental en su desarrollo, hasta tal punto que va a influir tanto en su capacidad posterior para adquirir y asimilar nuevos aprendizajes, como en su futura adaptación a la sociedad imperante. Por tales razones cuando veo los niños jugar libremente no dejo de recordar mis andanzas y me detengo a disfrutar su felicidad.

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