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viernes, 5 de agosto de 2011

HACE CALOR EN LA HABANA

Pleno verano en La Habana, capital de todos los cubanos. El calor es sofocante. Típico del Caribe. Caminar, hasta en la sombra, extrae por los poros de la piel las gotas de sudor que surcan el cuerpo. Los labios se resecan y piden a gritos mentales un sorbo de agua bien fría, porque una cerveza, malta o refresco no está al alcance de todos los veraneantes en más de una ocasión por los precios del mercado.
Es un mes en que todo se detiene. Hasta los trabajos. Los estudiantes de receso escolar. La gran mayoría de las madres trabajadoras de vacaciones o licencias sin sueldos para atender a los más pequeños. Las paradas de los ómnibus se abarrotan más de lo acostumbrado. El Coppelia se desborda de visitantes de todos los lugares, por distantes que sean. Los vendedores de “chicharritas” de boniato, rositas de maíz, maní tostado, biscochos, galletas dulces y hasta caramelos de mentaplus,  al asecho. Hay hasta “gestores” que ofertan una entrada rápida al palacio del helado cubano sin respetar el orden de los cientos que hacen su cola por el pago de ese “favor”. Cuántos se enriquecen a costa de los demás.
Las principales arterias de la ciudad son un mar de pueblo. La tarde va cediendo espacio y el sol aminora sus fuertes rayos. El “Gran Sofá” comienza a poblarse y nacionales o turistas extranjeros se entremezclan con la brisa de sabor a salitre para disfrutar de un momento espectacular cuando el Sol deja su reinado a la Luna.   

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