lunes, 16 de diciembre de 2013

Felicidad compartida



Diciembre es un mes complicado. La mente del cubano comienza a planificar el presupuesto para que alcance para todo. Los regalos para los médicos, enfermeras y especialistas que por el trato que nos han dado como pacientes queremos gratificarlo en el día latinoamericano de la medicina. También a los maestros que se paran ante el aula o aquellos que ya dejaron una huella en el niñ@ de la casa y en sus padres. Y que decir del aseguramiento logístico de las festividades familiares por el fin de año.
Hoy fui testigo de un homenaje a las mujeres y hombres que tienen la docencia como un sentido de sus vidas, en la escuela primaria Neguyen Van Troy, en el Cerro, a cargo de los alumnos de primer grado y preescolar.
Todo comenzó muchos días antes. Ensayos diarios de los alumnos para montar sus obras y cantos. Características particulares del vestuario que en algunos casos puso a las abuelas en funciones de modistas y la coordinación con la mujer que confecciona las caretas para los disfraces “al simple precio de 1 CUC y con la condición de que después del espectáculo sea devuelta a su origen”.
Todo el familión está a cargo de la artista de la casa. Por semanas no hay preocupación y prioridad más importante. El patio de la escuela se convierte en un “gran teatro” y se abarrota de público. Antes de subir al escenario los nervios y la tensión de grandes y chicos son palpables. Las cámaras domésticas pasan de mano en mano para inmortalizar la imagen de los fiñes representando el papel que les toca. Unos ejecutan una obra infantil, otros bailan un merengue, y los más pequeñines se divierten de lo lindo. El respetable los premia con fuertes aplausos y la algarabía se apodera del libre espacio que es amenazado constantemente por una incipiente lluvia. Poco a poco las caretas, trajes y otros elementos de la escenografía van trocándose por el uniforme blanco y rojo, y la pañoleta azul. De nuevo al aula, la clase, el maestro y la planificación de una nueva presentación, así como los por menores de la fiesta del aula por recesar las clases por el fin de año. Se respira felicidad  de la familia, maestro y alumno. El compromiso de un nuevo momento ya está zanjado.

  





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