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jueves, 13 de octubre de 2016

Matthew en Baracoa
























En junio del presente vi una Baracoa inmersa en los preparativos del 505 aniversario de su fundación. Linda, colmada de turistas y originarios, con ríos cargados de veraneantes refrescando ante tanto calor. Cuatro meses después, la realidad es bien distinta. La naturaleza arremetió contra la tierra oriental y esta es la huella que dejó Matthew a su paso. No hay árbol con hojas y muchos sacados de raíz por la fuerza de los vientos, miles de viviendas destruidas totalmente y las que quedaron en pie sin techo. El Estado cubano desde antes del paso de tan devastador huracán ya enviaba por carretera desde occidente hacia el oriente las rastras con postes, transformadores eléctricos, tejas, colchones, así como las caravanas de los experimentados linieros y de ETECSA para restablecer lo antes posible la vitalidad. Toda Cuba está en Guantánamo.













miércoles, 17 de agosto de 2016

Baracoa























Es la hora en que el perro no sigue al amo y busca echarse a la sombra. El sol está que raja las piedras. Las gotas de sudor corren como tsumani por todo el cuerpo. No vale llevar gorra o sombrero. Los rayos ultravioletas castigan la piel. Nada es impedimento para que las calles de la ciudad primada de Baracoa estén súper pobladas de turistas extranjeros y nacionales. La capital del cacao y el chocolate luce sus mejores galas por el 505 aniversario de su fundación. 






 

miércoles, 18 de julio de 2012

NIÑOS DEL COBRE


Calor sofocante. Apenas la brisa abraza el frondoso árbol que cobija con su sombra los bancos junto a lo que fue el río Cobre. Un mar de niñas y niños rojiblancos inundan la calle al concluir la jornada estudiantil. Idiana, con sus dos años, se entretiene con su fantasía en una humilde casita de la periferia del poblado. No hay ataris ni plahstesion. Cuatro fiñes y una pelotica se enfrascan en una jugada que nada tiene que envidiarle a las competencias de categoría. En otra cuadra una plebe infantil se imagina estar en la pista más cotizada de la “Formula I”, solo que los carros de carrera son unas chivichanas construidas por los propios “pilotos”.  A unos pasos, la Casa de Cultura donde cuelgan los dibujos de una exposición colectiva, los temas diversos, la imaginación infantil tuvo rienda suelta. Aunque el poblado dista más de una veintena de kilómetros de Santiago de Cuba y es rodeado por una cordillera de montañas, cuando apreciamos los rostros de estos pequeñines, encontramos esperanza, felicidad, porque son los retoños de los hijos del Cobre.