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viernes, 4 de abril de 2014

PIONERO SOY

Hoy a lo largo y ancho del Caimán, no quedó un pionero, por intrincado que viviera, que no celebrara el 4 de abril, fecha en que se festeja la creación de su organización infantil.
Las aulas y las escuelas trocaron las libretas y los lápices por piñatas, cake, dulces de todo tipo, refrescos, “pancho largo” --caramelo melcocha — y cuanta golosina hecha por las manos de las madres de los pioneros quienes años tras años, y en más de una ocasión al año, organizan y garantizan la alegría de los fiñes en sus conmemoraciones.
A los del primer grado le entregaron su diploma con letras bien grandes: Ya se leer.  Alegría en los pioneros y también en los familiares y maestros que se esfuerzan por darlo todo por su enseñanza y esperanza de vida.
Recuerdo cuando Griset era pionera y todos los fines de semana tenía alguna actividad. Campamento de pioneros de Tarará, grupos de baile, pioneros exploradores, acampada en el campamento de pioneros del Parque Lenin. La encomiable labor de la guía Elodia que con su entusiasmo contagiaba a grandes y chicos.
De esas pequeñas actividades donde el juego, la risa y las actividades infantiles dirigidas pedagógicamente se van forjando esa generación naciente que al paso de dos décadas ya están saliendo de la universidad listos a enfrentarse a los retos de la sociedad.
Los que peinamos canas hoy también tuvimos nuestro momento. Las Patrullas Juveniles Revolucionarias nos vincularon a la efervescencia de los primeros años de Revolución, otros en la naciente Asociación de Jóvenes Rebeldes y lo que surgió después la Unión de Jóvenes Comunistas. Ahí se forjó nuestra juventud y como ella, los pioneros de hoy darán continuidad al camino trazado. Por eso el trovador entonaba: Pionero soy de corazón…. 


viernes, 5 de agosto de 2011

HACE CALOR EN LA HABANA

Pleno verano en La Habana, capital de todos los cubanos. El calor es sofocante. Típico del Caribe. Caminar, hasta en la sombra, extrae por los poros de la piel las gotas de sudor que surcan el cuerpo. Los labios se resecan y piden a gritos mentales un sorbo de agua bien fría, porque una cerveza, malta o refresco no está al alcance de todos los veraneantes en más de una ocasión por los precios del mercado.
Es un mes en que todo se detiene. Hasta los trabajos. Los estudiantes de receso escolar. La gran mayoría de las madres trabajadoras de vacaciones o licencias sin sueldos para atender a los más pequeños. Las paradas de los ómnibus se abarrotan más de lo acostumbrado. El Coppelia se desborda de visitantes de todos los lugares, por distantes que sean. Los vendedores de “chicharritas” de boniato, rositas de maíz, maní tostado, biscochos, galletas dulces y hasta caramelos de mentaplus,  al asecho. Hay hasta “gestores” que ofertan una entrada rápida al palacio del helado cubano sin respetar el orden de los cientos que hacen su cola por el pago de ese “favor”. Cuántos se enriquecen a costa de los demás.
Las principales arterias de la ciudad son un mar de pueblo. La tarde va cediendo espacio y el sol aminora sus fuertes rayos. El “Gran Sofá” comienza a poblarse y nacionales o turistas extranjeros se entremezclan con la brisa de sabor a salitre para disfrutar de un momento espectacular cuando el Sol deja su reinado a la Luna.