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miércoles, 28 de mayo de 2014

Aguacero de mayo…

























Lo cotidiano se convierte en extraordinario. A nuestro alrededor suceden uno tras otro los momentos y en muchos casos, por facilismo, los vemos pasar ante nuestros ojos, y más penoso aún, ante el objetivo de nuestra cámara fotográfica y no somos capaces de accionar.
El momento es un instante de la realidad que vivimos y pasa en breves segundos. Nunca se repite, nunca es igual y tenemos que estar prestos a inmortalizarlos.
Duele ver, en esta era digital, como ciudadanos comunes con sus cámaras o celulares, incluyo ya hasta con tablets de diferentes formatos, fotografían lo que les rodea y llenan los espacios con sus imágenes.
Mientras, los profesionales del lente, quizás porque ya la rutina los invade tanto que no ven la importancia de convertir lo cotidiano en extraordinario, dejan pasar momentos que no por rutinarios dejan ser interesantes para hacer otra interpretación de la realidad, cámara en mano.
Mayo es el mes de las lluvias y de los Tauro. Abundan los chubascos y sorprenden los aguaceros fuertes. A nuestros ojos un escenario perfecto para seguir apretando el obturador.



martes, 9 de abril de 2013

LOCOMOTORA DE ALTOS QUILATES
























Hace más de tres años está inerte, disfrutando de la sombra de un árbol frondoso en el parque del Agrimensor a un costado de la Terminal Central de Ferrocarriles en La Habana. La conozco desde mi niñez cuando de la mano de mi abuelo Machin, me deleitaba con verla pasar de un lado a otro arrastrando carros cargados de la dulce gramínea con destino al basculador del central azucarero y sacando rumbo al patio del ferrocarril los vacíos. En su tiempo fue la locomotora en activo más antigua de América. Fue la máquina de vapor más antigua en Cuba y el continente que aún  se mantenía en activa labor. El certificado de nacimiento de la locomotora es de Filadelfia 1878. A su llegada a La Habana, después de salir de la fábrica Baldwin, fue empleada en el acarreo de pasajeros entre Regla y Casablanca. Después fue a parar al ingenio Averhoff en Aguacate, actual provincia de Mayabeque. En la primera década del Siglo XX, al desaparecer este ingenio, pasó al central Rosario, más tarde renombrado con los años como Rubén Martínez Villena. A finales de la década del 60, en mis inicios como obrero, la conocí de cerca. Trabajé en el taller de reparaciones de locomotoras del Villena como aprendiz de soldador. Conocí de la maestría de los mecánicos, paileros y soldadores por mantenerle la vitalidad. En la zafra del 1970 bastantes veces que corrí junto a ella de un lado para otro, cumpliendo turno de retranquero, por necesidad propia del momento. En algún instante con la supervisión de Jorge Pargas, alias el Gato, maquinista, hasta me atreví a inyectar arena en el carril para romper la inercia y salir a paso forzado con el carro enganchado. Hasta de fogonero asumí y bastante carbón que había que palear para mantener el combustible que la hiciera funcionar. Carbón y agua son sus energías principales. Ahora que retornó a los periódicos la información de zafra, cuando se habla que se incumple el plan de la contienda por diferentes razones o justificaciones, recuerdo que un viejo conocedor del tema al ver una mesa redonda, cuestionó lo dicho por los especialistas, pero también me viene a la mente el encomiable trabajo desarrollado por esta pequeña locomotora en sus años de vida activa en función de la industria azucarera. 

























viernes, 5 de agosto de 2011

HACE CALOR EN LA HABANA

Pleno verano en La Habana, capital de todos los cubanos. El calor es sofocante. Típico del Caribe. Caminar, hasta en la sombra, extrae por los poros de la piel las gotas de sudor que surcan el cuerpo. Los labios se resecan y piden a gritos mentales un sorbo de agua bien fría, porque una cerveza, malta o refresco no está al alcance de todos los veraneantes en más de una ocasión por los precios del mercado.
Es un mes en que todo se detiene. Hasta los trabajos. Los estudiantes de receso escolar. La gran mayoría de las madres trabajadoras de vacaciones o licencias sin sueldos para atender a los más pequeños. Las paradas de los ómnibus se abarrotan más de lo acostumbrado. El Coppelia se desborda de visitantes de todos los lugares, por distantes que sean. Los vendedores de “chicharritas” de boniato, rositas de maíz, maní tostado, biscochos, galletas dulces y hasta caramelos de mentaplus,  al asecho. Hay hasta “gestores” que ofertan una entrada rápida al palacio del helado cubano sin respetar el orden de los cientos que hacen su cola por el pago de ese “favor”. Cuántos se enriquecen a costa de los demás.
Las principales arterias de la ciudad son un mar de pueblo. La tarde va cediendo espacio y el sol aminora sus fuertes rayos. El “Gran Sofá” comienza a poblarse y nacionales o turistas extranjeros se entremezclan con la brisa de sabor a salitre para disfrutar de un momento espectacular cuando el Sol deja su reinado a la Luna.