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martes, 13 de marzo de 2018

Periodista y a mucha honra.




















Sin dudas es una profesión de riesgos, pero cuando el “bichito” del periodismo penetra hasta lo más profundo, no dejas margen para siempre estar informados, ser consecuente con la ética periodística y disfrutar intensamente el estar en el borde delantero de la noticia, tanto en un escenario de guerra o acompañando el ejército de batas blancas en difíciles misiones, incluso poniendo en riesgo la vida.
Tener la satisfacción del trabajo publicado tanto en los medios impresos como radiales o televisivos, nos compromete mucho más a ejercer nuestro trabajo con dignidad, aunque en ocasiones haya quienes se molesten por alguna pregunta o cámara en mano.
Es difícil ser periodista. El lector te enjuicia y los de arriba también, pero cuando se cumple con dedicación y apego a la verdad el oficio de informar al pueblo, no hay equivocación, el pueblo te reconoce y admira.
Los periodistas cubanos, nacidos de ese propio pueblo, con sencillez y humildad seguiremos el camino escogido al lado de la Revolución y la verdad.


viernes, 26 de enero de 2018

El Martí de mi cámara

Crecí en un pueblo atravesado por la línea central del ferrocarril, en una cuadra muy próxima a las paralelas de hierro, donde el paso de la serpentina sobre ruedas de acero nos robaba las expectativas a cada minuto.
La calle donde se ubicaba la vieja casa de madera, cobija familiar de varias generaciones, llevaba por nombre Martí y en el jardín poblado de vicarias de diferentes colores, abuelo Machín ubicó un busto del Apóstol que nunca supe de donde surgió.
Desde los primeros grados de la primaria, los maestros siempre hablaban de la ilustre figura y la valía de su actuar, de ese personaje de pronunciadas entradas en el pelo y copioso bigote.
Ya profesional de la “escritura con luz”, he tenido la oportunidad de testimoniar hechos históricos de nuestra Patria vinculados a José Martí y no he dejado de fotografiar cualquier imagen de nuestro Héroe Nacional en disímiles formas, como la muestra de Kamyl Baullandy Rodríguez en su muestra plástica “Somos Cuba”. Sirvan estas imágenes como homenaje al Maestro.


 


























domingo, 12 de noviembre de 2017

Muito obrigado primo
























Han transcurrido 42 años desde que se declaró la independencia de Angola después de medio milenio de colonización portuguesa y 14 años de lucha armada.
Aún tengo fresca en la memoria aquellas mujeres que por un camino rural en Malanje corrían con una carga super pesada de leña en la cabeza y al preguntarle por qué lo hacían la respuesta fue que para descansar; y el hombre que sin calzado y un vestuario bastante primitivo, marcado el rostro por la hambruna, pastoreando unas cabezas de ganado mal alimentado en tierra de Jamba, al preguntarle por qué no sacrificaba una para su sostén, con pleno convencimiento dijo que las cuidaba para “cuando el amo voltease”. Sin dudas ambos ejemplos, secuelas del colonialismo feroz.
Diez años después de la independencia tuve la oportunidad de tener la primera imagen de esta tierra africana desde la ventanilla de un avión IL-62. Cuando comencé a observar lo que después supe que llevaba por nombre Kimbo, no podía salir de mi asombro, como cuando inhalé el aire de Luanda al salir por la escalerilla del avión.
Muchos son los recuerdos en esa tierra africana donde miles de cubanos la rociaron con su propia sangre ayudando a ese hermano pueblo a no dejarse arrebatar la apreciada libertad.
A todos quienes tuvimos la oportunidad de prestar la ayuda solidaria, mis respetos, pero en particular a los Caravaneros y Pilotos quienes escribieron páginas heroicas, poniendo bien alto la valentía y el coraje de los cubanos.
En muchas familias cubanas hay algún recuerdo bien guardado de Angola y por las calles de nuestra Cuba, de Oriente a Occidente, caminan los héroes anónimos quienes escribieron páginas de gloria en la tierra de Agustino Neto.