Conocí en el 2000 en el plenario de la Asamblea Nacional
de Venezuela al fotorreportero Francisco Solórzano, más conocido por Fraso. Ocupaba
un escaño, vestía de traje y una corbata donde sobresalía la efigie del Che. Sentí
orgullo por la profesión. Hoy experimento la misma sensación pero mucho más
arraigada. Tony Hernández, no lleva el sombrero campesino, ni de su cuello
cuelga la acostumbrada cámara fotográfica. En la solapa del traje cuelga el
sello que lo identifica como uno de los diputados cubanos de la Octava Legislatura.
Los colegas que damos cobertura a la sesión constitutiva estamos contentos.
Tony es el primer fotógrafo en Cuba en ocupar un asiento en el parlamento. En
mi mente se agolpan los recuerdos cuando Joaquín, su padre, con las uñas de
ambas manos marcadas por las huellas de los productos químicos del laboratorio,
iniciaba a ambos hijos, Joaquín y Tony, en el oficio de dibujar con la luz. La
etapa de estudiante de piloto y su acercamiento al profesor René González, uno
de sus paradigmas. Actualmente una de sus pasiones es la lucha por la
liberación de los Cinco Héroes, su trabajo como editor fotográfico en la Agencia Central de Noticias y
la responsabilidad asumida como delegado
del Poder Popular en la barriada de La Habana Vieja. Ya contamos con
un diputado de hidroquinona y sulfito.
lunes, 25 de febrero de 2013
lunes, 11 de febrero de 2013
TANJA ALEXANDRA
Está fuera de sus predios en los intrincados parajes de las
montañas colombianas. No es asiduo verla sonreír. La vemos caminar diariamente
cargada de documentos y portafolio con humildad pero con paso seguro. Ante las
cámaras siempre declina la mirada como evitando robar protagonismo al resto de
sus compañeros. Ha dado un descanso al uniforme de campaña, las botas, el
sombrero, el fusil inseparable. Mucho se ha hablado de ella a favor o encontra.
Hasta libros se han escrito. Los que han compartido junto a ella reconocen su
modestia. Gusta de rasgar una guitarra y cantar en inglés. No conoce la base
ritmatica de la Salsa
ni el Son y menos dejar mover el cuerpo a ritmos tan contagiosos. Esbelta y
bella, luce una libélula en un colgante de cuello. Su voz suave invita al
diálogo por el simple motivo de escucharla. Cuando ha dejado escapar una
sonrisa, sus labios dibujan un rostro alegre, que contrasta con la cotidianidad
a la cual se enfrenta. Vestida sin atuendos parece una joven cualquiera que pasa
por la vida desapercibida. Hoy estoy junto a ella, charlando y admirándola. Tres
veces ha usado en Cuba la boina negra con el emblema de la guerrilla. Con ella
su rostro es un poema, pero nunca la he podido congelar con mi cámara. Es una
tarea pendiente. Mientras sigo admirando, por sus convicciones, a la Tanja campesina holandesa y
a la Alexandra
guerrillera.
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