Desde ayer en la noche Verónica quiere dibujar una bandera
venezolana. Necesita una referencia pero no la encuentra. En su incesante
búsqueda, entre periódicos y revistas, encuentra una dedicada a Chávez como
deportista. Precisa de una tijerita de trabajos manuales y con ella en mano
comienza a recortar con bastante precisión cuatro fotos. La primera era la de
portada donde Hugo Chávez Frías, líder bolivariano de Venezuela vestía traje
deportivo con gorra. Otras más Chávez picheando y montando bicicleta. Pensé que
sería un ejercicio de puro entretenimiento. Amaneció y a las seis y treinta de
la mañana ya estaba solita, con una hoja, goma y plumones, tratando de terminar
su “obra”. Pegó dos fotos y debajo escribió con su letra corrida de alumna de
primer grado: todos queremos a Chávez. El trayecto hacia la escuela fue
portando su “obra” con mucho cuidado para que no se le doblara. Entró al aula
con la mochila a la espalda y su creación apoyada en el pecho, se lo entregó a
la maestra y ésta, con su paso pausado y haciéndose acompañar por ella vino
hasta la entrada de la escuela donde había una exposición de dibujos de varios
alumnos de distintos grados y buscó un lugar para el trabajo de Verónica. Con
cuanto orgullo se hizo acompañar de varias amiguitas y amiguitos para enseñarle
en la exposición su humilde homenaje a Chávez. En ese instante de alegría de la
niña, corrió por mi mente aquella madrugada de un 4 de julio en Caracas, cuando
después de varias operaciones en Cuba, el presidente de la República Bolivariana
de Venezuela Hugo Chávez Frías arribaba a su tierra… fue la última vez que lo
vi en persona y también fueron las últimas fotos que les hice. Chávez no se
puede ver en pasado, hay que sentirlo en presente.











