El sábado en la mañana hice mi periplo cotidiano por la panadería y los cuatro puestos del agro que me encuentro en el trayecto. El mercado estatal con una oferta muy restriñida y con productos que, por su presentación, no incitan al consumidor. Hay que recalar obligatoriamente en la oferta y demanda. Uno de los más abastecidos en el barrio es el ubicado en Cruz del Padre y Amenidad, en el Cerro. Los precios estables desde hace algún tiempo, el tomate a cinco pesos la libra, el mazo de cualquier producto ya sea remolacha o zanahoria en diez pesos, la lechuga a siete, la cebolla a cinco pesos la libra, el boniato a dos cincuenta y la yuca a tres pesos, igual que cada cabeza de ajo. Cuando seleccionas el producto que vas a llevar y lo pones en la bandeja para pesarlo, casi siempre el dependiente te responde: $10.00. Hace un tiempo atrás, una mano de plátano burro valía cinco pesos, después subió a seis, ocho y ya está en diez, espero que no siga subiendo. Cuando vas al mercado de Cuatro Caminos, uno de los más grandes de la ciudad, al ver la primera tarima ya es suficiente para conocer los precios que se manejan en todo el mercado. Y que decir de esos productos que vemos que han perdido calidad y el precio es el mismo. Es muy difícil estar protegidos como clientes ante estos avatares. La voz la lleva quien está detrás de la pesa y sino, pregúntele a mi colega Heriberto quien al encontrarlo rumbo a su casa, me pidió que le coja el peso a una jabita con unos trocitos de cerdo y que le estimara si llegaba a una libra, por el cual había desembolsado cuarenta pesos. Fue muy difícil el cálculo, pero al otro día me confirmó, en la cola de la panadería, que lo pesó en la bodega y le faltaba un cuarto de carne por la cual pagó. Por los productos que aparecen en la foto que ilustran estas líneas pagué treinta pesos. Sin dudas estamos atrapados en un problema de pesas y pesos, pero ¿quién nos ayuda a resolverlo?
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domingo, 22 de enero de 2012
lunes, 5 de diciembre de 2011
EN LA CALLE…
“Tu manzana aquí, que se acaban…” voceaba un vendedor ambulante, posicionado al lado de una columna, en la calle Carlos III, en la capital, mientras en varios establecimientos en moneda convertible la tenían ausente entre sus ofertas.
La Habana cambia su entorno, por un lado los carretilleros con variedad de productos del agro, que en algunos mercados estatales quisiera ver por su variedad y calidad. Los cuentapropistas van poblando los espacios, las ofertas son diversas y ya se observan cafeterías que elevan sus ofertas y la presencia de sus locales para captar más clientes.
Caminar hace bien a la salud y nos permite ir descubriendo ese mundo que por cotidiano muchas veces no nos detenemos a detallar en él. Estas imágenes son el resultado de una caminata matutina por una de las arterias de mayor afluencia de transeúntes.
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