El rodeo recorría Cuba de
punta a cabo, como lo hacían los circos y los parques de diversiones. En mi
pueblo, aprovechando las gradas, las estructuras siempre se ubicaban en el
terreno de pelota del club deportivo. Allí en su momento pude apreciar la
maestría de Poppy Cross, extraordinario acróbata a caballo, así como la
monta de un ejemplar negro que llevaba
por nombre “Furia” y de mucha fama por cerrero, por un guajiro de Mula Quieta.
El primer Rodeo de la historia se celebró el 4 de Julio de 1883, en Texas, EEUU
por la competencia
entre los vaqueros durante los trabajos de arreo del ganado para llevarlo de un
lugar a otro, contarlo y marcarlo. En nuestro país dieron continuidad a las corridas
de toros que se efectuaban principalmente en las plazas de La Habana, Cienfuegos, Pinar
del Río y Camagüey. La Feria Agropecuaria
de Boyeros estuvo de fiesta campesina y ganadera. Apenas se podía dar un paso
por la cantidad de espectadores. Ejemplares de todos tipos y razas se fundían
con el público. Diversidad de sombreros que identificaban a los hombres de
botas vaqueras y espuelas. Rodeo internacional del bueno. Gradas colmadas de
familias con sus hijos. Los seguidores de este deporte fuerte se encargaron de
premiar a mujeres, hombres y hasta niños que pusieron a prueba su destreza en
el dominio de caballos, novillos y toros. El rodeo cubano vive y hace vivir.















